Viajar, esa felicidad de corazón

Hace mucho que no viajo, un par de meses de hecho, que para mi es una eternidad, pero acabo de ver algo maravilloso: el poder trasformador de un viaje. Un poder único y magnético que en algunos se nos convierte en adicción y hasta se nos ocurre abrir un blog.

Un grupo de trabajo recibió como premio un viaje en grupo, y hoy estaba presente cuando esa misma gente bajo del bus con sonrisas en la cara, donde no importaban los sectores, ni las tareas y mucho menos los rangos. 

 Vi a personas que veo hace año con sonrisas que no había visto nunca, no porque no sonrían, si no porque tenían verdadera felicidad en la cara, esa que te da cuando haces un viaje que vas a recordar toda la vida.Esa cara que veo en las fotos cuando conozco un lugar único o cuando se que al día siguiente parte mi vuelo.
Esta es una de las cosas que amo del turismo, la capacidad renovadora de energía y espíritu. La capacidad que nos da plantarnos en un lugar diferente y preguntar sobre nuestra vida de todos los días y de ver que cosas necesitan cambiar y valorar las que no. Ademas a algunos parece que nos rejuvenece porque me suelen decir que parecemos mas jóvenes en las fotos de viaje.
Y como broche de oro,podemos disfrutar ir a  abrazar a esa gente que no vez por unos días  y poder compartir su alegría, reírse de sus anécdotas y obviamente, si hay porque no, disfrutar los regalitos.
Lo mejor de esto, es que para conseguir esos viajes increíbles ni siquiera hay que gastar fortunas, solamente hay que saber disfrutar del placer de viajar y de compartirlo con la gente que tenemos alrededor.
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