New York…Que ciudad extraña.

Honestamente viaje con muchísimos pre conceptos a esta ciudad, pero muchísimos. Las razones: no me entusiasmaba ir en lo más mínimo porque no era el destino que yo tenía en mente a la hora de planificar el viaje.

El primer día simplemente me molestaba todo. Fuimos a Time Square que era un caos de gente, el olor a orín se apoderó de la ciudad y me sentía incómoda en casa lugar que me ponía. A todo le encontraba un pero, ni hablar de las comparaciones que hacía con mi ciudad favorita que es Londres. Emitía 10 quejas por cuadras mínimo. El día que llegue único que disfrute fue de la caminata por central park.

El segundo día con un poco de fresco, por no decir mucho, decidimos ir al MET. Debo decir que este museo le levanto la autoestima a la ciudad, o mejor dicho a mí. Su templo egipcio y el jardín de invierno me hicieron darle unos puntos de confianza a la gran manzana. Haciendo algunas paradas de compras y vista de vidrieras me empecé a dar cuenta de la variedad de personas que habitan New York. Es indescriptible la cantidad de lenguas que se escuchan en esas calles, ni en plena torre Eiffel llena de turistas escuché tanta multiculturalidad. 

El lunes hicimos tours guiados en Big Bus( altamente recomendable). Conocimos todo el Downtown, que es básicamente donde nació la ciudad. Y gano un pedacito más de mi corazón. Me gustaron mucho sus calles, sus edificios y las historias que escondía este rincón.

El miércoles con lluvia y frío decidimos ir al Museo de Historia Natural. El lugar esgrandioso, empezando porque soy fan de la película “Una noche en el museo” y de la historia, esto es la joya de la corona para quien les escribe. Sus dioramas eran algo que nunca había visto y me parecieron increíbles, ni hablar de cuando me crucé con una cabeza Olmeca y el Mohai. 

Pero lo mejor del día fue cuando probé la pizza. Si… Ahí gano su lugar en mi corazón. Si soy amante de la comida y sobre todo en lugares nuevos para mí. Gracias a esa pizza extra grande con doble queso no sé si  baje la guardia o que deje de quejarme pero las cosas solo fueron para mejorar el viaje.

El día que le dedicamos a gastar el New York pass fue increíble. Vimos la ciudad de todos sus ángulos y es imponente. Sus rascacielos son gigantes y asustan a los que no estamos acostumbrados. Miraba el edificio One world y ya me aterraba subir al piso 101, pero su vista merece el esfuerzo de taponarse los oídos en el ascensor. El día culminó bien arriba con el paseo “The Ride” donde ellos mismos se ríen de su ciudad,y muestra su lado más divertido a todas las pequeñas desgracias diarias. Ver bailarines en la calle y que la gente los ignore muestra la actitud de esta gran ciudad. Por último nos quedó ese día ver el Empire donde vimos la vista nocturna de la ciudad, la vista romántica que te invita a querer a New York.  

Debo decir entonces que sí, te quiero New York. No sos Londres ni lo serás, porque sos una mezcla de culturas, de música y de sabores, se ve en tus calles y en sus habitantes. Cada cual le aporta algo que la hace única e indescriptible. Desde mi lugar los invito a explorar esta ciudad que huele a Pancho desde las 7 AM,a toparse con bebedores compulsivos de café frió aún con 0 grados, a atorarse de pizza, a ser empujado de múltiples formas en el subte, a ver alguna de sus maravillosa obrasde teatro, a disfrutar sus vistas en lo alto y recorrer su centro más antiguo, porque New York es única y hay que conocerla en persona para entenderla.

 

 

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