Diario de Viaje: Berlin, nuestro nuevo amor

Posterior a un paso muy fugaz por Amsterdam, fuimos a Berlin, un sueño que teníamos pendiente de cumplir. Después de 1 año de estudiar alemán estábamos desesperados por usar nuestros Gutten Tag, Danke y Bitte. Nos tomamos el micro Eurovision desde Amsterdam, que viajo toda la noche hasta la ciudad de Berlin, con una parada en el medio de la noche en la frontera con Alemania, donde dos simpatiquisimas policías se subieron a los gritos pidiendo pasaportes y preguntando por nuestros planes, posterior a eso nos dieron 20 minutos para ir al baño, donde el frió te calaba los huesos. 

EL subte desde la estación hacia el centro de Berlin salió 5,90 euros para todo el día, sino cada viaje sale 2.60 €.  Logramos hacer nuestro check in más temprano y comenzamos a recorrer la ciudad despues de una buena ducha y un desayuno.

Uno de los primeros puntos que pudimos visitar fue el Checkpoint Charly. Este lugar como sabrán fue uno de los puntos más importantes en la frontera en la época de La Unión soviética , por aquie es donde se hacían los pases a pie de las personas entre “las alemanias” para poder ver a sus familias. Actualmente solamente queda la garita con dos guardias vestidos como en esa epoca,  a los cuales hay que pagarle para sacarse una foto y también se puede pagar para que te sellen el pasaporte con repiclas de la Guerra Fria. Tambien hay una replica del cartel que indicaba donde se abandonaba el sectro americano.Frente a él hay un pequeño museo donde cuenta un poco más sobre la historia de este punto y del la guerra fria que tanto afecto a esta ciudad.

Seguimos recorriendo hasta llegar a Postdamer  Platz. Lo curioso este lugar  es como la modernidad de la ciudad contrasta con la historia de Berlin, tal es así que podemos encontrar no sólo la marca por donde pasaba el muro sino partes del muro en forma de recordatorio, ademas de conocer que esta zona fue bombardeada durante la segunda guerra resistiendo entre los pocos edificios el hoy Sony Center gracias a su estructura de acero. El techo tiene una forma muy particular que se ilumina durante las noche y cambia de color.

Continuamos caminando hacia la Puerta de Bradenburgo. Para llegar hasta allí tuvimos que pasar por el Monumento al Holocausto que recuerda el genocidio judío en Europa. Este monumento nos resulto muy impresionante, ya que es una manzana donde hay bloques de cemento de diversos tamaños, lo curioso es que desde de afuera parece todo igual, pero una vez que ingresamos al mismo se comienza a ver ondulaciones en el piso que hacen que las paredes tengan diferentes tamaños dando un efecto de encierro. Honestamente nos dejo muy impactados pero sobre todo queremos resaltar que es un lugar que merece mucho respeto y ver gente saltando entre los bloques para selfies nos pareció de mal gusto.

No hay paso por Berlin sin comer un bretzel, que es un pan enorme que es este caso estaba gratinado con queso. Y posterior a eso hicimos honor a un par de panchos con gaseosa, solo porque había que seguir caminando, todo sobre el Tiergarten. Las salchichas que estaban cortas de pan, salieron 2.50 cada una, mas 3 euros de papas fritas y 4 de la bebida.

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Panza llena, corazón contento avanzamos a la Puerta. Estaba lleno de gente pero eso no le quito lo majestuoso del lugar con una altura impresionante. Parece mentira estar parados en un lugar donde pasaron tantas cosas importantes. No vamos a aburrirlos con mas detalles ya que es mas que famoso este lugar.

Continuamos con un día hermoso hacia el parlamento donde teníamos intensiones de reservar para ingresar, pero yo no había lugar por casi  3 días, así que si van estén atentos a hacerlo con tiempo.  El edificio tiene una cúpula moderna que contrasta con el edificio antiguo. La construcción de la misma se dio de después de varios incidentes, para llegar en 1956. Este techo todo vidriado quiere representar la claridad como la democracia maneja los asuntos.  Si bien tiene una vista de la ciudad no es la mas recomendable, por lo que piensen en hacer alguna otra visita si es ese el objetivo.

El recorrido siguió bordeando el rió Spree hasta entrar a la Isla de los Museos. Recorrimos por fuera los edificios y decidimos entrar a la catedral conocida como Berliner Dom. Como estaba atardeciendo decidimos pagar la entrada de 7 euros para subir, y sin duda lo valen. El recorrido hasta la cúpula es apto para claustrofobicos, como es el caso de quien escribe. Son pasillos muy amplios y escaleras muy anchas que llevan hasta la cúpula. La vista al atardecer vale cada escalón subido, que son muchos pero muchos. 

Para cerrar este día, pasamos por la torre de TV y caminamos un poco por el centro comercial.

Simplemente es una ciudad única, no hay dos rincones iguales. Nos llamo mucho la atención la cantidad de tuberías rosadas que decoraban el paisaje, la cuales no enteramos que sirven para sacar el agua de los edificios. También los semáforos son singulares, con el conocido Ampelmann (clik acá para mas información) de un lado de la ciudad y los convencionales de otra. No hay otra ciudad como esta y nos logro enamorar del principio, ahora a descansar que nos queda un segundo día por delante no menos interesante.

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