Visita a la costa de la Patagonia, donde el mar se apodera de tu corazón (parte 2)

Como les contamos en el post anterior, la costa de la Patagonia simplemente nos dejo flechados solo en el primer impacto. Pero lejos estaba de terminar alli nuestro romance.

Para el segundo día, el sol comenzó a brillar de temprano, pero con un viento muy poco feliz, que iba tan veloz que parecían gritos que se colaban por la ventana del departamento. Con el mate listo, nos subimos al auto rumbo a Punta Tombo, donde íbamos a ver los pingüinos.

Con gran inocencia, casi una inocencia de alguien que no salio nunca de viaje, pensábamos que ver a los pingüinos era casi en sentido panorámico, pero la realidad nos sorprendió gratamente.

Para llegar a Punta Tombo hay que tomar la ruta 3, de camino al sur, si salimos de Madryn son 120 km, hasta la ruta 75 donde hay que doblar hacia la costa unos 20 km hasta llegar al camino de ripio, donde seguimos unos 35 km hasta llegar al centro de interpretación. La ruta en general esta buena, aunque tiene algunos baches y trafico de camiones. Es importante avisarles que no hay estaciones de servicio, por lo que salgan con el tanque lleno.

En el centro interpretativo se abona la entrada de $125 (ARS) , y con ello se accede al mismo y a la Pingüinera. El centro cuenta con servicios de restaurante, aunque los precios no son aptos para cualquier bolsillo.

En cuanto al centro realmente es muy interesante. Tiene varias salas donde te cuenta sobre la vida salvaje de la parte continental y de la marítima, así mismo hay sectores con documentales donde cuentan un poco mas sobre el comportamiento y una biblioteca con información no solo de la fauna, si no de expediciones.

Los pingüinos comienzan a llegar desde agosto, logrando el pico de la colonia para Octubre. Como sabrán estos son cálculos aproximados porque la naturaleza no entiende calendarios turísticos. En diciembre comienzas a nacer las crías y para marzo/abril se despiden hasta comenzar el ciclo nuevamente.

Desde el centro hay que hacer 2 kilómetros mas para llegar a la entrada de la pingüinera. Nos recibió un amable guarda parque que nos advirtió como debíamos comportarnos:

  • No molestar a los animales.
  • No comer ni beber ni fumar ni nada.
  • No acercarse a menos de un metro de los animales.
  • Ellos simpre tiene la prioridad de paso.

Nos contó sobre las características de los ejemplares que íbamos a ver y arrancamos el recorrido. Como les dijimos, como buenos turistas no sabíamos que nos deparaba, imaginábamos pingüinos a lo lejos, a lo sumo alguno cerca, unos 2, 3. Si avistábamos 10 en total era un éxito.

Comenzamos a recorrer el sendero y a escasos metros encontramos unos pingüinos enrollados en un nido, durmiendo plácidamente, a penas centímetros adelante de ellos un gran pingüino en el medio del camino. Ya esta, no lo podíamos creer. El guarda parques no dijo: “Chicos, sigan caminando, esto no es nada”- ¿Que? ¿Como?… seguimos unos pasos y topamos una lomada atestada de pingüinos, durmiendo, comiendo, caminando y hasta peleando. Era algo realmente impresionante, el camino tiene 3 km aproximadamente entre ida y vuelta, creo que nunca habíamos caminado mas lento, los animales no dejaban de cruzarse, y como estábamos cerca del mediodía había muchísima actividad. En un momento uno se paro a nuestro lado y empezó a gritar, y atrás otro y otro y otro, nosotros estábamos shoqueados, nunca nos imaginamos como podía ser estar tan cerca y con esa interacción.

No puedo contarles cada detalle porque honestamente la sensación de ver la vida libre y al natural es algo que no había experimentado nunca jamas a ese nivel. A medida que avanzas en el camino cada vez mas pingüinos se acercan, se mueven, duermen, juegan y pelean a centímetros tuyo. Si hay un ejemplo de libertad es ese el modelo a seguir. Acá el único indicador de tiempos es el sol, los relojes se desactivan viendo pasar filas de animales que viven su vida temporal en este lugar hasta que llegue el momento de migrar.

La mañana avanza y las cabecitas que se levantaban a lo lejos se van a reposar, cambiando el ambiente que esta hace minutos era ruido, peleas y cortejos a momento de la siesta. Así Punta Tombo nos invita a cerrar la visita, sin necesidad de cruzar palabras entre nosotros que todavía tratábamos de procesar la experiencia.

Aun nos queda un encuentro muy especial por cursar, pero eso va a ser en la próxima entrega.

 

 

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