Bunkers de la Segunda Guerra: Las dos caras de la moneda

La historia la escriben los ganadores, por eso no hay mejor idea que caminar los pasillos en donde las cosas sucedieron para entender mejor que se vivía en cada piel.

En nuestro paso por Berlín y Londres decidimos visitar dos lugares que eran muy parecidos en esencia pero distintos en función: dos búnkeres, uno donde se dio vuelta la guerra y otro donde los civiles luchaban por mantenerse con vida. Dos lugares con la misma idea fundacional pero con historias diferentes. Churchill War Rooms, en Londres, y Berliner Unterwelten, en Berlín.


Churchill War Rooms: el búnker de la estrategia.

Como parte de los museos de Guerra en Londres podemos visitar el búnker donde Churchill decidió cambiar la idea que se tenía sobre el conflicto bélico y sobre Hitler.

A diferencia de lo que uno imagina el refugio está lejos de ser un lugar oscuro, en el cual no hay oxígeno; o al menos me lo imaginaba yo asi; los pasillos largos con luz amarilla hacen sentir que el humo de los puros del Primer Ministro van a invadir el aire en cualquier momento. La música y el ruido ambiente, muy bien sonando por parlantes, hacen sonar las teclas de las máquinas de escribir, la radio de BBC y transmitir el discurso de Churchill, además de cortas su transmisión por bombardeos.

El bunker es una verdadera joya histórica, que ningún aficionado a la materia puede dejar afuera de su itinerario. Aunque sea temporada baja entrar es complicado, porque cada vez toma más protagonismo en las agendas viajeras. Es importante planificar cuando visitarlo sobre todo si usan London Pass.

El lugar se divide en dos exposiciones: Los War Cabinets y el Museo de Churchill. El primero es el famoso búnker donde los trabajadores del gobierno y los militares trabajaron en conjunto para definir sus estrategias de guerra. El segundo cuenta la vida del famoso Primer Ministro, que llegó al poder en 1940 gracias a la dimisión de Chamberland. Winston pronuncia la frase “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” para dar comienzo a cuatro años de intenso trabajo bajo tierra durante su mando.

Sus corredores nos muestran paso a paso los distintos cuartos que formaron este lugar, desde las habitaciones preparadas para el descanso de Churchill y su esposa, lugar que odiaba él para dormir, hasta el Map Room donde de marcaba uno por los movimientos de cada tropa en el conflicto. Los diferentes puntos se van visitando acompañados de un audioguía, que no solo nos ayuda a ver los cuartos, si no a darle contexto con audios de la época.

El segundo punto es el Museo Churchill donde encontramos una basta colección de objetos del Primer ministro, que nos van llevando por la historia de su vida a través de sus libros, su ropa y sus discursos entre tantas otras cosas. Lo interesante de este museo es toda la puesta en escena que no solo nos muestra videos, si no que nos llevan con audios, juegos en pantallas y material escrito a cada una de las etapas de la vida política y personal de Churchill desde su comienzo a fin.

Lo más curioso de este lugar es que finalizada la guerra todos dejaron el lugar, el último cerró la puerta y no volvió a abrirse hasta la década del 80 donde comenzaron las visitas a un número reducido de personas.  El lugar quedó tal cual el ultimo dia que se lo uso: los cigarrillos en los ceniceros, los papeles en los escritorios; lo cual le dio un valor inigualable al Museo.

La visita roba una mañana de paseo y es una excelente opción para los muchos días feos de Londres. Lo más rico de este lugar es poder conocer la vida de los trabajadores en el periodo de guerra, donde muchas personas pasaban días trabajando sin parar más que para dormir sin salir a ver el sol, sin ver a sus familias para colaborar con su nación mientras las bombas azotaban la ciudad.

Berliner Unterwelten: la Berlín bajo tierra

A diferencia del Bunker anterior, que era por definición estructural un búnker, estos lugares de refugio de los que vamos a hablar, se habilitaron como tales dado que la guerra llegó antes de lo esperado y los civiles necesitaban tener un lugar para pasar los bombardeos, fue entonces que se relevaron todos los posibles lugares que eran potenciales  refugios y se tomaron como Bunkers con el estallido de las primeras bombas en Berlín.

Lejos estoy de ser una especialista sobre el tema, pero las visitas a este lugar han sido de lo más enriquecedoras. Actualmente existen bunkers en Berlín que se crearon durante la guerra fría( para lo cual vamos armar otro post), preparados como tales, aunque lo que se planifica en teoría se duda de que pueda ser aplicado en realidad.

Retomando el curso de la Segunda Guerra, para conocer más sobre este periodo tienes que hacer el “Tour 1 – Mundos en tinieblas”. Una puerta más de la estación de subte se abre ante nuestros ojos para llevarnos al mundo subterráneo, donde las paredes aun tiene las inscripciones de la época, cuando se decidió hacer de este salón de uso recreativo de los empleados del subte un búnker para civiles.

El lugar se uso como refugio antiaéreo, pese a no cumplir con las necesidades estructurales. Los guías cuentan que si una bomba hubiera caído del aire, este lugar no habría sobrevivido y nadie dentro de él.

La oscuridad y el olor a encierro se apoderan del lugar, por suerte Berlín es una ciudad seca lo que ayuda a no tener una humedad descomunal en esos lugares que hubieran levantado mucho la temperatura del ambiente.  Las horas de angustia parecían eternas y con el correr del tiempo la desesperación hacía estragos, lo cual llevó a cambiar los espejos por chapas para evitar suicidios, y sacar los cierres en duchas y baños para que nadie cometa una locura en la privacidad.

Para moverse en la oscuridad, en caso de no tener energía, las paredes estaban pintadas con pintura luminiscente que eran tan fuertes que podían iluminar toda la habitación. Aún hoy con una buena carga de luz se puede ver. De esta forma podían mantener la tranquilidad en los civiles mientras pasaba el bombardeo. El lugar contaba con camas, baños, cocina y comedor. También era posible ser atendido por un médico en un consultorio dentro del mismo lugar.

Conocer la guerra desde la óptica de las personas es lo más difícil de conseguir, ya que los museos o paseos históricos suelen enfocarse más en el proceso que en los civiles, quienes fueron las víctimas en cuerpo y alma de estas guerras. Este Búnker de Berlín permite conocer la vida cotidiana y cómo las personas trataron de sobrevivir a este proceso violento. Si quieren conocer otra cara de la historia Berliner Unterwelten es el mejor lugar para hacerlo.

Bunker personal para verificar
cuando terminaban los bombardeos

Qué nos dejaron…

Los dos lugares tiene una carga histórica impresionante que necesitaríamos varias visitas para procesar toda la información que nos brindan. Entender la desesperación de las personas en Berlín no es tarea fácil, ver la ciudad hoy y ver pensar en las fotos de la postguerra parece un milagro. En Londres la cosa no terminó mucho mejor, pero en el búnker se respira otra atmósfera, densa, cargada de movimientos de política, con una muestra muy pequeña de la realidad ciudadana, pero que te pone en la presión del poder soberano que se rebeló contra la corriente.

Sobrevivir a la guerra bajo la tierra no fue fácil para ninguna de las partes y estas visitas lo dejan bien en claro, pero eso no les quita diferencias que complementan su polaridad para nosotros en este viaje que nos llevo a los dos lados del campo de batalla real e intelectual.

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